Convento de Madre de Dios
El Convento de Madre de Dios de Sanlúcar de Barrameda se crea para sede de una comunidad de monjas dominicas que llegan a la villa en el año 1480, procedentes de un convento de Sevilla, por mediación del II Duque de Medina-Sidonia don Enrique II de Guzmán "el Magnífico", el cual, impetró del Papa Sixto IV, Bula competente para hacer la fundación del Convento. La Bula fue otorgada el 30 de Julio de 1479, siendo el año siguiente la entrada de la comunidad dominica en esta ciudad. Su esposa, doña Leonor de Ribera y Mendoza compró a Ruy García e Isabel García unas casas para que se instalaran las monjas.
El 18 de marzo de 1480 se eleva a público la escritura ante el escribano Diego de Almonte. Las monjas dominicas llegan a la villa de Sanlúcar de Barrameda el año 1480 y se instalaron en una primera instancia en el beaterio de Sanlúcar. Este beaterio era una comunidad aislada donde las damas de noble cuna se refugiaban, mediante el pago de una dote, al quedar viudas, sin tener obligación de profesar votos ni de renunciar completamente al mundo.
Pero fue su hijo y heredero, el III Duque de Medina Sidonia, don Juan Alonso Pérez de Guzmán y Afán de Ribera, el que elevaría en 1506 esta comunidad a la categoría de convento, dándosele el nombre de Santa María de la Encarnación, aunque siempre se le conocería por el nombre de Madre de Dios.
Años después, entre 1558 y 1570, la iglesia del convento fue reformada y costeada por la IX Condesa de Niebla, doña Leonor Manrique de Sotomayor y Zúñiga, madre del heredero, futuro VII Duque de Medina Sidonia.
Se reformó el interior, se hizo la obra del coro y la bóveda de la iglesia y se habilitó y decoró el Palacio de la Condesa en el interior del convento. Allí se retiró hasta su muerte, en 1.582, acompañada de su nieta, Leonor de Guzmán, hija ilegítima del VII Duque, Don Alonso. La condesa había preparado y negociado su entrada en el convento. Ella aportaba una dote bastante generosa y a cambio conservaría el control sobre sus bienes, libertad económica y salidas al exterior, que estaban totalmente prohibidas por las reglas de las monjas dominicas.
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Para su estancia en el convento, hizo construir en el interior el llamado "Palacio de la Condesa" (1562), amplio pabellón destinado a las dependencias privadas de la patrocinadora y "para las señoras de su sangre que quisieran ser monjas". En el convento se conserva un retrato de esta señora vistiendo el hábito de beata de la Orden Dominica.
El convento de Madre de Dios era, y es hoy día, un convento de clausura. Pero con matices, dependiendo del origen de sus moradoras.
Doña Leonor Manrique y su nieta vivían en unas estancias privadas en lo que aún hoy en día se llama el Palacio de la Condesa, dentro del convento y se sabe que no hacían uso de la clausura, ya que la Condesa de Niebla entraba y salía del convento a su conveniencia. En esta época, era abadesa del convento una hija del conquistador Hernán Cortes, María Cortés Zúñiga, que había sido entregada por su padre al servicio del convento y que fue la albacea testamentaria de la Condesa de Niebla a su fallecimiento en 1582.
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Siendo como era lugar de retiro de damas de la Casa, entre ellas otras dos hijas del VII Duque, el convento se vio favorecido por las iniciativas de la Casa Ducal de Medina Sidonia, costeando reformas como la que se llevaría a cabo a finales del siglo XVII, además de distintas aportaciones de tipo ornamentales. En aquél tiempo, era normal que las damas de la nobleza que no pudieran casarse o enviudaran, ingresaran en el convento donde disponían de comodidades e incluso esclavos y criados a su servicio que mantenían ellas con su dote.
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Por otra parte, al ser la orden de los dominicos los responsables de la Inquisición por orden papal, en sus muros se encerraron muchas de las hijas y mujeres de los represaliados por el Santo Oficio que también deberían aportar una dote para su subsistencia. El convento de Madre de Dios se fue enriqueciendo hasta llegar a ser uno de los más importantes de la villa. Según el historiador Agustín de Horozco, en el año 1560 en el convento de Madre de Dios había casi sesenta monjas.
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En cuanto al edificio en sí, el convento presenta una bella portada protobarroca labrada en piedra, donde aparece la puerta de entrada acabada en arco de medio punto flanqueada entre dos parejas de columnas corintias acanaladas que contienen en los intercolumnios hornacinas aveneradas con figuras de santos. Sobre el arco de acceso y a ambos lados, aparecen los escudos de la casa fundadora; y sobre el entablamento superior arranca un frontón curvilíneo partido que centra una tercera hornacina avenerada entre pilastras cajeadas que soportan un sencillo frontón recto. Esta última hornacina, en distinto color de piedra y tratada a modo de templete, aloja en su interior una imagen de la Virgen, titular del centro. Sencilla y sin grandes alardes decorativos, esta pieza constituye una de las portadas emblemáticas de la ciudad de Sanlúcar.
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Por esa portada se accede al torno, con azulejos policromados de los siglos XVII-XVIII y a la sacristía tras un estrecho pasillo que guarda la clausura. Tiene claustro con patio rodeado de columnas de mármol y en el piso superior se ubican las celdas de las monjas.
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La iglesia es una maravilla del barroco andaluz. Por su ubicación paralela a la calle, sirve de pantalla para evitar los ruidos que alteren el silencio de la comunidad.
Del interior de la iglesia destacan la singular cúpula encasetonada sobre el presbiterio con aplicaciones de relieves en la clave, el Retablo Mayor de factura barroca, con arcángeles tallados en madera atribuídos a La Roldana y toda una serie de bienes muebles repartido por sus paredes como son los otros retablos menores, el púlpito y la imaginería, todo ello en general impregnado de un intenso sabor barroco.
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Tiene doble coro: el alto y el bajo, donde hay una sillería tallada en caoba, una imagen de la Virgen del Rosario de procedencia italiana y la imagen de la Virgen del Sudor a la que se le atribuye experiencias milagrosas. Junto al coro bajo, está el comulgatorio enrejado y con una pequeña abertura donde las monjas recibían la comunión sin exponerse a miradas del exterior.
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En el exterior, aparte de la portada nombrada, en un lateral existen, además, dos portadas gemelas, dualidad frecuente en determinados conventos femeninos. Se piensa que la utilidad de esta dos portadas era que una servía de entrada a las procesiones de Semana Santa, recorriendo el templo para que las monjas pudieran verlas a través de la clausura y la otra portada servía de salida. Estas dos portadas gemelas de sencillas líneas neoclásicas que se abren en el lateral exterior del templo, son obra del arquitecto portuense Torcuato Benjumeda.
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Igualmente, existen en la misma fachada que las portadas gemelas, dos ventanas oculares que iluminan y refrescan el coro bajo con enmarcado cornopial de piedra de claras influencias americanas.
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Hoy día, la comunidad de monjas no pasa de la docena, compuesta de personas de más de sesenta años y unas jóvenes llegadas del exterior, sobre todo sudamericanas y africanas que mantienen vivo al convento. En el torno se pueden adquirir libros, artículos religiosos y unos exquisitos dulces que confeccionan las monjas con recetas tradicionales.
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Fuentes:
- Web Sanlucardebarrameda.net
- Cadizpedia
- Bases de datos del patrimonio Inmueble de Andalucía. Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico. Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía: Ficha del Convento de Madre de Dios
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